Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 6 de febrero de 2011

¡Hasta Luego Venezuela!

Después del Caracazo, la vida no volvió a tomar el cauce al que ya estábamos acostumbrados. Cumplí 8 años, el 2 de marzo de 1989, solo con mi familia y nadie más. Mis amigos no pudieron venir a mi fiesta debido a que tanto las Fuerzas armadas venezolanas como la policial tenían órdenes del gobierno de vigilar que nadie saliera de su domicilio, ya que el gobierno no había levantado aún el estado de emergencia. Mi mamá era muy ingeniosa, rápidamente me hizo un pastel de cumpleaños con lo que encontró en la cocina para celebrar y hacer honor a mi día. Era un ‘brownie’ enorme, y lo llamamos pastel de cumpleaños. Por suerte, tenía yo una cierta debilidad por los ‘brownies’ (aún la tengo y trato de pensar que no es bueno debido al colesterol y las grasas). Yo tenía una idea un tanto cuanto vaga de lo  que estaba pasando del otro lado de los muros de la casa. Mis padres se sorprendieron de que no hice ningún drama por la forma en que festejamos mi cumpleaños. Me da gusto haber reaccionado de esa manera, pues mis padres no podían hacer ninguna otra cosa. Ese día fue mágico para mí, de todos modos estábamos los cuatro reunidos en ése, mi día.

La familia Claus canadiense, Caracas, Venezuela.
Los meses a seguir fueron los últimos que pasamos en este país. Cuando nos dieron finalmente la luz verde, para darnos permiso de salir de nuestras casas y también  nuevamente a la calle. El ambiente en general, era muy tenso y mi pueblo venezolano se veía un tanto cuanto insatisfecho. El gobierno, ahora había establecido un toque de queda, lo quería decir que teníamos permitido estar fuera de casa hasta la puesta del sol. Mi madre aprovechó esta oportunidad para ir al supermercado cercano para el suministro de alimentos, entonces bajamos la colina de Circunvalación del Sol. Nos llevamos una gran sorpresa, todo el centro comercial estaba repleto de soldados por doquier. Nuestro centro comercial se había convertido en fortaleza de GI Joe en la vida real, como la que solía hacer con mi hermano, esperando que Cobra atacara. Afuera del supermercado, la gente formaba colas larguísimas esperando su turno para entrar,  adineradas amas de casa discutían entre sí y con los soldados, simplemente porque necesitaban comprar alimentos.

Cuando fue nuestro turno para entrar al supermercado que parecía fortaleza, los pasillos y los estantes estaban casi vacíos. Las amas de casa ingresaron con todos sus argumentos y prácticamente se peleaban por el pán, el azúcar, la leche, en pocas palabras por alimentos básicos para el abastecimiento del hogar. Yo estaba ayudando a mi mamá cuidando el carrito, enmedio de estas acaloradas discusiones, mientras ella trataba de recopilar cosas que fuesen útiles, así como artículos no perecederos. Se alejó y en cuestión de una milésima de segundos para alcanzar otros alimentos de otro estante, estas amas de casa se voltearon hacia mí con una mirada depredadora. Yo estaba solo, estaba cuidando el carrito con alimentos y era lo suficientemente pequeño como para intimidarme. Sabía que lo único que podía hacer era gritar con todas mis fuerzas, y de todas formas nadie se dió cuenta debido al escándalo que había dentro de la tienda, se abarrotaron al carrito y me arrebataron todo lo que quisieron. Cuando mi madre volvió, se dió cuenta que muchas cosas se las habían llevado, me miró y no dijo nada. Yo estaba todavía bajo el choque de lo que acababa de pasar, no sabía qué decirle. No se enojó conmigo pues fácilmente pudo adivinar por qué nuestro carrito estaba otra vez casi vacío.

Mi primer día, cuando iba en camino, de vuelta al colegio fue monumental. Podía ver un sinnúmero de patrullas militares y estaciones de inspección por toda la ciudad. Por la mañana el tráfico se volvió aún más lento. No me importó, ya no podía esperar ni un minuto más para volver a ver a mi amigos del lycée después de tan largo hiato. Extrañé a mis amigos cercanos, nuestras actividades, nuestra camaradería y hasta mis clases y maestros. Era bueno estar de vuelta en mi mundo de la escuela primaria pues era una de las cosas que no había cambiado en mi vida. El mundo allá afuera podía estarse desmoronando, pero el Colegio Francia estaba ahí para quedarse. Através del sofisticado núcleo de compañeros de la escuela primaria, me enteré que habían matado a uno de nuestros compañeros del colegio durante los disturbios, un chico en la misma clase que mi hermano Brian. Quizás tenía máximo 12 años. Lo cierto es que ya no estaba con nosotros, pero la historia fue que lo mataron al estar de pié frente a una ventana de su departamento durante los disturbios.

Las pequeñas cajas son los famosos "ranchitos" en el barrio de Petare, Caracas, Venezuela.
Unos cuantos meses más tarde, casi al terminar nuestro año obligatorio de actividades escolares, mis padres nos llamaron para una reunión de los Fabulosos Cuatro. Esta vez, nos comunicaron que nuestra familia tenía que mudarse una vez más, nos estaban mandando a Santiago de Chile. Mi hermano y yo, habíamos logrado hacer amigos a lo largo de esos tres últimos años y nos sentimos tristes de tener que dejarlos. Pensé por un momento lo que significaba para mí, Venezuela como país y su gente. Algo así como lo que uno llamaría después de una determinada edad, la primer escuela de mi vida. Durante el tiempo que estuve ahí, identifiqué que existía un mundo de ‘afortunados’ y otro de ‘desafortunados’, dándome cuenta de que mi familia formaba de los ‘afortunados’. Miré con respeto aquella gente y familias que estaban del otro lado del espectro. No fue por elección propia el vivir de esa manera. También, me dí cuenta, de todo lo que mis padres estaban haciendo por sus dos hijos y de la gran suerte que teníamos de ser los Fabulosos Cuatro. Iba a extrañar Venezuela, ya que las circunstancias me aportaron un gran aprendizaje, y al mismo tiempo quedaba en espera de nuestro nuevo desafío.

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